
De
ArgentinaMe quedé solo una noche en la posada, pero fue suficiente para darme cuenta de lo especial que es el lugar. La posada en sí es un lujo: todo muy cuidado, limpio y prolijo, con detalles que hacen que uno se sienta cómodo desde el primer momento. Pero lo que realmente marca la diferencia es la atención de Leonardo y Marisa. Son extremadamente amables, cercanos y atentos, siempre dispuestos a ayudar y a hacer que la estadía sea lo más agradable posible. Se nota que ponen el corazón en lo que hacen.
La habitación era muy cómoda y la cama espectacular: descansé bárbaro, colchón muy cómodo, buenas almohadas y todo impecable. El baño también en perfectas condiciones, y el agua de la ducha 10 puntos, con muy buena presión y la temperatura justa, algo que se agradece muchísimo.
El desayuno fue otro de los puntos altos: muy abundante, rico y completo. Todo fresco y bien presentado, y el café realmente delicioso, de esos que dan gusto tomar tranquilo.
Desde la habitación tenía una vista impresionante a las montañas, y justo me tocó el día perfecto: pude ver las cumbres nevadas, una imagen alucinante que hizo que esa única noche valiera totalmente la pena.
En resumen, aunque estuve solo una noche, la combinación de una posada cómoda y bonita, la atención cálida de Leonardo y Marisa, el excelente descanso, el desayuno abundante y la vista increíble a las montañas hace que sea un lugar que recomendaría sin dudar y al que me encantaría volver con más tiempo.